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Candela Flores

Volver a correr: Lesiones más comunes. Parte 2.

Hoy seguimos con las lesiones que más se pueden dar en un corredor habitual. En el post anterior hablábamos sobre las más comunes en un corredor principiante, pero esas lesiones pueden aparecer y aparecen en la mayoría de los corredores si, como dijimos, no se toman las medidas pertinentes.

A la hora de correr no solo tenemos que pensar en qué zapatillas ponernos o por dónde ir para no encontrar mucha gente, que también debemos analizarlo, sobre todo en estos momentos, sino en cuándo realizar nuestra práctica o por qué superficie, adaptándonos a nuestras necesidades diarias y a lo que nos pida el cuerpo.

Habrá días en los que nos levantemos más enérgicos y podremos aprovechar para salir a correr pronto y coger fuerza para el resto del día, simplemente tenemos que contar con que por la mañana los músculos están rígidos aún por las horas de sueño, por lo que deberemos calentar bien para evitar lesiones y empezar a un ritmo tranquilo para ir aumentando progresivamente. 

Si por el contrario prefieres despejarte después de todo el día fuera de casa, aunque estés cansado y tengas prisa por empezar, tendrás que calentar bien pero sobre todo habrá que escuchar a nuestro cuerpo y parar cuando nos lo pida. Mejor salir a correr más veces a la semana a un ritmo menor que salir una y sobrecargar la musculatura.

Como comentábamos hace unos días en el post anterior, os voy a ir familiarizando con las afecciones más comunes de los corredores. Hoy les toca el turno a las siguientes:

  • Periostitis tibial: El periostio es una capa que recubre al hueso y a la que se anclan los tendones, que cuando se sobreesfuerzan pueden irritar esta “funda” del hueso. También puede inflamarse cuando se somete a la tibia a estrés compresivo, por ejemplo, al correr por superficies duras como el asfalto.
    • Lo evitaremos utilizando unas zapatillas con buena amortiguación pero sobre todo consiguiendo la mejor pisada posible. Mediante un estudio biomecánico de la marcha podremos determinar con claridad qué gestos pueden llevarte a lesión y le pondremos remedio mediante unas plantillas que mejorarán tu gesto biomecánico y tu eficiencia energética, protegiendo la salud de tus pies.
    • Evitaremos a su vez el sobreentrenamiento, que unido a esta periostitis puede dar lugar a una fractura de estrés.

 

  • Condromalacia rotuliana: También llamada “Rodilla del corredor”, es un desgaste del cartílago de la rodilla. Suele aparecer al realizar deportes con frenadas, giros y arrancadas, es decir, con casi todos los deportes. Cursa con dolor sobre la cara anterior de la rodilla cuando nos ponemos en cuclillas, al subir escaleras o hacer cuestas. La superficie sobre la que se practica es determinante para su aparición, así como nuestro gesto deportivo.
    • La evitaremos andando o corriendo sobre superficies más blandas como la  tierra o el césped, calentando bien, trabajando la elasticidad y fortaleciendo cuádriceps.
    • Ciertos gestos biomecánicos colocan la rodilla en una posición incongruente, de manera que se va degenerando el cartílago. Con una buena exploración podremos reconocerlos y aplicar un tratamiento acorde a la patología para evitar que el cartílago se degenere más, pues éste tiene mínima capacidad de auto-reparación, así que cuida tus rodillas, ¡solo tienes dos!

 

  • Tendinitis de la pata de ganso: Este tendón está formado por los tendones de tres músculos diferentes: el sartorio, el grácil o recto interno y el semitendinoso que, en ocasiones como una mala pisada o un sobreesfuerzo continuado, se irritan e inflaman causando dolor. Ésta es una afectación frecuente en corredores puesto que al correr generamos un gran impacto en las estructuras de nuestro cuerpo, que se resienten.
    • ¿Cómo lo evitaremos? Muy simple, calentando bien (como siempre) y escuchando a nuestro cuerpo. Iremos graduando la intensidad del ejercicio según nos encontremos cada día, respetando los límites del organismo de cada uno.

 

Como habéis podido comprobar, estas recomendaciones pueden resumirse de forma sencilla en tres puntos: calentar, controlar la intensidad del ejercicio/escuchar a nuestro cuerpo y estirar bien. Haciendo esto de forma rutinaria nos ahorraremos llamadas de emergencia al podólogo por haber notado un “crack” por aquí o un chasquido por allá, mejor prevenir que curar ¿no?

Mima tus pies, y en general tu cuerpo, que solo tenemos uno y no hay recambios. Y si verdaderamente quieres avanzar en tu práctica evitando posibles sorpresas/sustos pásate por nuestra clínica y te haremos un estudio computerizado de la marcha, explicándote cada secuencia de tu gesto biomecánico y resolviendo todas las dudas que puedan surgir. 

Y ya sabes, si quieres convertirte en un auténtico runner, ¡te espero en consulta! 

 

 
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*¿Leíste la primera parte de este post? ¡No te lo pierdas! Volver a correr: Lesiones más comunes. Parte 1. 

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